"Suponed, querido amigo, que el comunismo no sea más que lo más visible de la subversión contra la Iglesia y contra la Revelación divina; entonces asistiremos a la invasión de todo lo que es espiritual, la filosofía, la ciencia, el derecho, la enseñanza, las artes, la prensa, la literatura, el teatro y la religión.
Estoy obsesionado por las confidencias de la Virgen a la pequeña Lucía de Fátima. La insistencia de la Dulce Señora ante el peligro que amenaza a la Iglesia es aviso divino del suicidio que representaría la alteración de la Fe, en su LITURGIA, su teología y su alma.
Descubro a mi alrededor renovadores que quieren desmantelar la Capilla Sagrada, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, e insuflarle remordimientos sobre su pasado histórico.
Y bien, mi querido amigo, tengo la convicción de que la Iglesia de Pedro debe asumir su pasado, o si no, ella misma cavará su tumba.
Vendrá un día en el que el mundo civilizado RENEGARÁ de Dios y en el que la Iglesia dudará al igual que Pedro. Será tentada de creer que el hombre ha llegado a ser Dios, y que su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias los cristianos buscarán en vano la lamparilla roja donde Dios les espera."
Y bien, mi querido amigo, tengo la convicción de que la Iglesia de Pedro debe asumir su pasado, o si no, ella misma cavará su tumba.
Vendrá un día en el que el mundo civilizado RENEGARÁ de Dios y en el que la Iglesia dudará al igual que Pedro. Será tentada de creer que el hombre ha llegado a ser Dios, y que su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias los cristianos buscarán en vano la lamparilla roja donde Dios les espera."
Extractado de una carta del entonces Secretario de Estado, Mons. Eugenio Cardenal Pacelli a su amigo J. Guitton.
Pie XII devant l'Histoire: pgs. 53-54
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