"La santidad de la vida no es un beneficio singular que se concede a algunos privilegiados y no a los demás, sino que a ella todos estamos llamados y es un deber común: que la consecución de las virtudes, aunque cuesta, es posible para todos con la ayuda de la gracia divina que a nadie se niega".


(Pío XI, Encl. Rerum Omnium)


Para algunos lectores inquiridores en particular, y para todos en general, la mayoría de las hagiografías de este santoral están tomadas de la obra El Año Cristiano, publicado por la BAC en 1966 en 4 tomos, uno por trimestre.

lunes, 9 de febrero de 2009

El mismo día, Conmemoración de Santa Apolonia, Vírgen y Mártir





Por el R.P. Juan Croisset, S.J.


unque el emperador Felipe fue tan favorable á los cristianos, que muchos son de opinión que recibió el santo bautismo, no obstante se levantó en su tiempo una persecución contra los fieles de Alejandría, en la cual padecieron muchos mártires, y fue como la señal de la que se suscitó el año siguiente por todo el imperio romano, en tiempo del emperador Decio.

Cierto poetilla infeliz, entremetido á profeta, y mago de profesión, comenzó el año de 248 de Nuestro Señor Jesucristo a predicar en las calles de Alejandría, amenazando en tono enfático á toda la ciudad de una gran desdicha, si no se exterminaba á todos los cristianos, enemigos mortales de los dioses y de su culto.

No fue menester más para excitar el furor de un pueblo naturalmente inclinado á la sedición, a la crueldad y a la carnicería. San Dionisio, que era a la sazón Obispo de aquella ciudad, refiere la persecución con estos discretos términos: Este miserable adivino animó contra nosotros a los idólatras, y excitándolos por medio de la superstición, a que era naturalmente inclinado este pueblo, encendió el furor en sus corazones. Creyendo aquellos ciegos a este impío, y dejándose llevar de las impresiones que los inspiraba, se amotinaron contra nosotros, y se precipitaron en los mayores excesos de la crueldad y del furor.

Persuadiéronse bárbaramente a que su imaginaria piedad consistía en ser crueles contra los cristianos, y creyeron que no podían honrar mejor á los dioses falsos que sacrificándoles por víctimas á los que adoraban al verdadero. Dieron principio al sedicioso motín echando mano de un santo viejo llamado Metro ó Metrán, queriéndole obligar á que profiriese execrables blasfemias contra la santidad de nuestra religión. Irritados de la noble resistencia que encontraron en el generoso cristiano, le molieron todo el cuerpo con crueles palos, sacáronle los ojos, picáronle ó le surcaron el semblante con rosetas aceradas, y, sacándolé fuera de la ciudad, descargaron sobre él furiosa lluvia de piedras, entre las cuales le dejaron sepultado.

Pasaron después á casa de una piadosa matrona llamada Quinta ó Cointa, y sujetándola á idénticas pruebas y más terribles tormentos, agarrándola con violencia, la condujeron al templo de su ídolo, para obligarla á que le rindiese adoración. El horror que la causó la impiedad a que querían precisarla, y la heroica constancia con que se negó á cometerla, redobló en ellos la furia y la crueldad. Atáronla por los pies, y la arrastraron inhumanamente por todas las calles. A pocos pasos quedó el cuerpo destrozado con los golpes que de propósito la daban contra las piedras y contra las esquinas; y, no dándose por satisfecha su sangrienta saña, descargaban continuamente sobre el mismo despedazado cuerpo terribles bastonazos. Admiró a aquellos ensangrentados verdugos la constancia de la invencible heroína; pero como la rabia que los animaba había ahogado en ellos todos los sentimientos de la compasión, la condujeron al mismo sitio en que San Metro acababa de ser apedreado, y en él la quitaron la vida con el mismo género de martirio.

Pero, entre todos estos prodigios del valor cristiano, Polonia (Apolonia) fue la que más se distinguió con un género de intrepidez, y con una especie de heroísmo, que siendo su memoria la admiración de todos los siglos futuros, fue entonces su constancia el asombro aun de los mismos paganos. Era una doncella venerable, no sólo por su ancianidad, sino mucho más por el dilatado y constante ejercicio de una sólida virtud. Algunos dicen que fue de ilustre nacimiento, y que desde sus más tiernos años había sido criada en la religión cristiana. Lo que todos afirman es que era la veneración y el ejemplo de los cristianos de Alejandría; que vivía en un sumo retiro, en un continuo ayuno, en oración perpetua y en la más exacta práctica de todas las virtudes.

Durante el amotinamiento del pueblo estaba encerrada en su casa, levantando continuamente las
manos y los ojos al Cielo; y como no dudaba que presto sería también dichosa víctima de aquella sacrílega sedición, sin perder tiempo se estaba disponiendo con fervor para ofrecerse en sacrificio. Apoderándose de la santa doncella aquellas ensangrentadas fieras, determinaron atormentarla tanto más, cuanto era mayor la veneración que tenía entre los cristianos. Lo primero que hicieron fue quebrantarla todos los dientes con una piedra, y después con la misma abollarla todo el semblante. Desesperados de lograr su intento, se persuadieron á que su perseverancia no podía resistir á la prueba del fuego, siendo natural que una doncella sin vigor y sin espíritu, en fuerza de su avanzada ancianidad, cediese sólo al terror de ser quemada viva.
Con esta idea la sacaron fuera de la ciudad, y, encendida una grande hoguera, la amenazaron con que la arrojarían en ella, atada de pies y manos, si al punto no profería las más horribles blasfemias contra Jesucristo, y si no ofrecía incienso a los Ídolos, sin detenerse un momento.

La purísima doncella, que había pasado su larga inocente vida en servicio del Señor, abrasada siempre del amor á su Esposo Jesucristo, se estremeció al oír tan impía proposición; y sintiendo crecer en aquel punto el amoroso incendio que la consumía por su Dios, ella misma se arrojó en medio de las llamas (por inspiración especial del Espíritu Santo), para dar este testimonio a los gentiles, de que no sólo era voluntario, sino alegre su gustoso sacrificio. Quedaron atónitos los gentiles, mirándose los unos a los otros, como embargada la voz, y llenos de suspensión, sin resolverse á creer lo mismo que veían, porque no acertaban á comprender cómo era posible que una doncella tuviese más valor y se diese más prisa a ofrecerse á Dios en sacrificio, siendo consumida por las llamas, que ansia tenían ellos de verla cuanto antes reducida á cenizas. Los cristianos se aplicaron con el mayor cuidado á recoger lo que pudieron del sagrado cuerpo, con especialidad los dientes esparcidos por el suelo, que, como preciosas reliquias, fueron distribuidos
por varias iglesias de la Cristiandad.

Los continuos favores que cada día experimentan los que recurren á la intercesión de Santa Polonia (Apolonia) acreditan el gran poder que nuestra Santa tiene con Dios, y la bondad con que atiende á los que imploran su protección. Casi desde el mismo tiempo de su glorioso martirio se puede asegurar que comenzó el recurso de los fieles á nuestra Santa en muchas enfermedades, pero con especialidad los que adolecían de mal de dientes y de muelas. En los Breviarios más antiguos de las iglesias se hallan oraciones particulares para pedir á Dios, por la intercesión de Santa Polonia, que nos libre de varias enfermedades corporales, y singularmente de los males de dientes, como se ve por esta oración que se lee en el Breviario antiquísimo de la Iglesia de Colonia:

¡Oh Dios, por cuyo amor la bienaventurada virgen y mártir Santa Polonia (Apolonia) sufrió con tanta constancia que la arrancasen todos los dientes; suplicámoste nos concedas que todos aquellos que imploraren su intercesión sean libres de males de dientes y de cabeza, y, después de las miserias de este destierro, les otorguéis la gracia de que arriben á los gozos eternos de la Patria Celestial! Por Nuestro Señor Jesucristo, Hijo vuestro, que, siendo Dios, vive y reina con Vos en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

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