"La santidad de la vida no es un beneficio singular que se concede a algunos privilegiados y no a los demás, sino que a ella todos estamos llamados y es un deber común: que la consecución de las virtudes, aunque cuesta, es posible para todos con la ayuda de la gracia divina que a nadie se niega".


(Pío XI, Encl. Rerum Omnium)


Para algunos lectores inquiridores en particular, y para todos en general, la mayoría de las hagiografías de este santoral están tomadas de la obra El Año Cristiano, publicado por la BAC en 1966 en 4 tomos, uno por trimestre.

domingo, 6 de febrero de 2011

6 de Febrero, Festividad de San Tito, Obispo y Confesor



e San Tito no tenemos otras noticias que las que San Pablo nos suministra; y a los datos del Apóstol hemos de acordar su biografía. El primer dato sobre Tito lo encontramos acompañando a San Pablo a Jerusalén con Bernabé. El objeto del viaje fue defender Pablo el Evangelio de Jesucristo frente a los doctores judíos que querían someter a los conversos a las ceremonias legales del Viejo Testamento, murmurando de San Pablo porque se oponía a semejante servidumbre. Hacía catorce años que Pablo se había ausentado de la ciudad santa donde estuvo a raíz de su conversión, tres años después de la misma. El viaje obedecía a una "revelación" que tuvo, donde se le ordenó subir allá a verse con las "columnas de la Iglesia", como llamaban a San Pedro, San Juan y Santiago, a fin de confrontar su predicación con la de ellos; estando acordes en todo, en señal de lo cual se dieron las manos, a Pablo y a Bernabé se entiende, y no a Tito porque era gentil.

Los enemigos de San Pablo pretendían que los conversos se circuncidaran, ya que le oyeron decir que los cristianos no estaban obligados a aquella ceremonia. Furtivamente espiaban a Pablo en estas predicaciones, y fue tal la defensa que hizo de su nueva teología, que "ni aun Tito, que me acompañaba, con ser gentil, fue obligado a circuncidarse" (Gal. 2,3). No era, pues, Tito judío. ¿Dónde,o en qué poblado o ciudad había nacido? ¿Creta,Corinto, Antioquía? Es inútil discurrir a este respecto. Era sencillamente, gentil. ¿Por qué, siendo gentil, acompañó a San Pablo? La palabra "gentil" se usaba para denominar a los griegos, según algunos expositores. En aquel entonces, Tito era cristiano. Venia del "gentilismo", pero era cristiano, razón por la cual, juzgándose los judíos cristianos representantes de las dos leyes, la judía y la cristiana, pretendían que los conversos aceptasen lacircuncisión, sosteniendo que sin ella no podían salvarse (Act. 15). El punto de partida de San Pablo para este viaje a Jerusalén fue Antioquía, donde había muchos discipulos del Señor. El y Bernabé "se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos" (Act. 14,28). Apareciendo Tito con ellos en Jerusalén, por deducción, Tito debió ser antioqueno, convertido por San Pablo a la fe, tomándole desde entonces por "socio" y "coadjutor" suyo.

Como sujeto de toda garantía espiritual y de un celo grande semejante al suyo, San Pablo encomienda a Tito, en su tercer viaje a Tiro, Patara, Rodas, Esmirna, Tróade, Filipos, Tesalónica, Efeso, Antioquía, dos misiones del¡cadísimas a los corintios: la primera desde Efeso y la segunda desde Macedonia. Los corintios fueron evangelizados por San Pablo. Les cobró el Apóstol un cariño y una solicitud grandes; pero no faltaron disidentes ytraidores a la causa de la fe. Algunos judíos conversos dieron nuevas a San Pablo del mal espíritu de algunos, y los mismos fervorosos cristianos le dirigieron una carta enterándole de los pecados y disensiones entre ellos. Ya en sus comienzos se vió en la necesidad de salir precipitadamente deCorinto porque los judíos le acusaron ante Galión, procónsul de Acaya, de que Pablo "persuade a los hombres a honrar a Dios contra lae ley", la ley antigua (Act. 18,13).

San Pablo hubo de embarcarse navegando a Siria, bajando después a Efeso. En Efeso estaba Tito. Con lo sabido por él mismo, las noticias que fueron llegando después de su partida, la carta que los corintios le dirigieron, consultándole diversos puntos, Pablo escribió su primera carta a loscorintios, encomendando a Tito le sirviera de correo, a la vez que de apóstol y encomendero suyo para ver de poner paz entre los corintios y reducirlos a la concordia. El primer punto a coordinar era la división entre los conversos, llamándose unos discípulos de Pedro, otros de Apolo, otros de Cristo y otros de Pablo. "¿Está dividido Cristo? -les dice-. ¿O ha sido Pablo crucificado por vosotros?" (Cor. 1,13). Siendo Corinto ciudad internacional, a ella acudían no solamente los ricos comerciantes, sino los filósofos, los oradores, lossofistas. Vivían pagados de su sabiduría. "Los judíos piden milagros, los griegos sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los gentiles, más poder y sabiduría de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos" (ibid. 22-23).

El espíritu de partido, los pleitos entre los conversos, los vicios de la impureza, el incestuoso, etc., son temas de San Pablo. Por sabia que fuera la carta de San Pablo, el intérprete de la misma y el ejecutor habia de ser Tito. Qué tino, qué prudencia, qué sabiduría, qué don de gentes necesitaba el discípulo para llevar a cabo la paz y la concordia entre todos volviéndolos al verdadero cristianismo, que era Cristo. Deseando conocer San Pablo el éxito de su carta y de las gestiones de su ardoroso y fiel discipulo, le citó enTróade a donde se dirigía San Pablo a predicar el Evangelio de Cristo. "En medio de haber abierto el Señor una entrada, no tuvo sosiego mi espíritu, porque no hallé a mi hermano Tito, y así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia" (2 Cor. 11,12-13). La inquietud de San Pablo estaba bien justificada por la ternura que sentía por los nuevos convertidos por él, por la dificultad creada por ellos en asuntos de gravedad y por el miedo que sentía por su querido discípulo, por si no lo habían recibido bien o no había tenido éxito en sus gestiones.

Llegó San Pablo a Macedonia y crecieron sus angustias por nuevas dificultades. Muy grandes debieron de ser. Tito no estaba allí. "Pues así como llegamos a Macedonia, no he tenido consuelo ninguno según la carne, sino que he sufrido toda suerte de tribulaciones, combates por fuera, por dentro temores" (2 Cor. 7,5). Las grandes penalidades del Apóstol en Macedonia tuvieron su recempensa con la llegada de Tito. "Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la llegada de Tito y no sólo con su llegada, sino con el consuelo que de vosotros nos trajo, al anunciarnos vuestra ansia, vuestro llanto y vuestro celo por mí, con lo que creció más mi gozo", La embajada de Tito fue cumplida y triunfante, hasta el punto de que el Apóstol, que se había manifestado duro con los corintios en su segunda carta a los mismos, se sincera un poco de su filípica anterior atenuando su rigor por contraposición al amor que les tiene.

El puro elogio que hace de Tito muestra bien a las claras el valor de su obra apostólica y del tiempo con que llevó a cabo su misión. "Que si en algo me glorié con él de vosotros, no he quedado confundido, sino que así como en todo os habíamos hablado verdad, así era también verdadero nuestro gloriarnos con Tito. Y su cjariño por vosotros se ha acrecentado viendo vuestra obediencia y el temor y temblor con que le recibisteis. Me alegro de poder en todo confiar en vosotros" (ibid. 12,14-16).

Por si había quedado algún leño encendido entre los corintios, y ante las buenas nuevas traídas por Tito, San Pablo les escribe su segunda carta desde Macedonia, confiándola al mismo Tito, queriendo que el que tan buen éxito tuvo en su primera misión, acabara la obra en la segunda. El empeño era más fácil. Conocían los corintios a Tito y le amaban. Sabían los corintios el celo del discípulo de San Pablo por ellos y le recibirían y atenderian de mejor gana que en la primera. Así aconteció. "Y gracias sean dadas a Dios, que puso en el corazón de Tito esta solicitud para vosotros, pues no sólo acogió nuestro ruego, sino que solicitó por propia iniciativa partir a vosotros" (¡bid. 8,16). En esta segunda carta San Pablo cambia su técnica epistolar, manifestándose más humano y comprensivo, en atención a las buenas noticias que Tito le diera de ellos. Les muestra su deseo de ir a verlos, imposible de realizar por entonces, perdona al incestuoso, canta su libertad evangélica y se declara heraldo de la verdad.... hace un resumen de sus padecimientos por el apostolado de Cristo y pregona un elogio a loscorintios. "Y así como abundáis en todo, en fe, en palabra, en ciencia, en toda obra de celo y en amor hacia nosotros, así abundéis también en esta obra de caridad" (ibid. 8,7). (Pide a los corintios hagan una colecta por los pobres de Jerusalén). No deja en el tintero su ascendencia judía y farisaica frente a la vanidad de los seudo-apóstoles, a la vez que se absuelve de no haberles sido gravoso en nada ni querer nada para sí. En esta defensa incluye a Tito,. ¿Os he explotado acaso por medio de alguno de los que os envié? Yo animé a Tito a ir y envié con él al hermano. ¿Acaso Tito os explotó? ¿No procedimos ambos según el mismo espíritu? ¿No seguimos los mismos pasos?" (ibid. 12,17-18). Flaqueza ha sido en el sacerdocio antiguo el interés. Los nuevos apóstoles suplican algunas limosnas para los pobres, para ellos nada quieren. Tito sigue a San Pablo en su desinterés.

En la segunda carta a Timoteo hay otra alusión a Tito. "Date prisa a venir a mí, porque Demas me ha abandonado por amor a este siglo, desertó del apostolado y se marchó a Tesalónica, Crescente a Galacia, Tito aDalmInacia" (2 Tim. 4,9). ¿Otra misión delicada? Sin duda alguna; porque, al decir San Pablo que "Demas me ha abandonado", haciendo despuésmención de Crescente y de Tito, no significa que estos dos últimos leabándonaran también, sino que hubieron de dejarlo por su misma voluntad. El viaje de Tito a Dalmacia y las razones del mismo las desconocemos. Es un inciso que San Pablo dejó en la oscuridad, mas, conociendo el celo del Apóstol por los cristianos, es de suponer que su envío allá sería por intereses grandes de los conversos y de la Iglesia.

Después de su prisión, San Pablo'pasó por Creta. ¿Se encontraba en la isla Tito? ¡Acompañaba a San Pablo en su viaje a la isla? Las palabras de San Pablo en la carta que le escribe, desde Nicópolis, en el Epiro, da a entender que Tito trabaja en la viña del Señor de Creta. Dice el Apóstol: "Te dejé en Creta para que acabases de ordenar lo que faltaba y constituyeses por las ciudades "presbíteros" en la forma que te ordené" (1 Tim. l). "Te dejé en Creta. para que acabases de ordenar lo que faltaba..." indicación de que allí trabajaba llevando a cabo una obra que no se había terminado, ordenándole el Apóstol que la acabara". Fue consagrado obispo de Creta por el mismo San Pablo. En la carta que le escribe le suplica que deje Creta tan pronto como lleguen Artemas o Tíquico, que él enviaba, y fuera a verle enNicópolis, lo antes pos¡ble, porque tengo el propósito de pasar allí el invierno". Tito le acompañaría en todo este tiempo. Se ha dicho ya que desde Nicópolis le envió a Dalmacia.

Resumiendo la carta que le escribe San Pablo, aparte de ser una distinción muv grande, a la vez propone en ella las perfecciones que ha de tener un obispo presbítero, todo lo cual hace comprender que el modelo vivo de los obispos era Tito: "porque es preciso que el obispo sea inculpable, como administrador de Dios; no soberbio, ni iracundo, ni dado al vino, ni pendenciero, ni codicioso de torpes ganancias, sino hospitalario, amador de los buenos, modesto, justo, santo, continente, guardador de la palabra fiel...", "porque hay muchos indisciplinados, charlatanes, embaucadores, sobre todo, los de la circuncisión, los judíos a los cuales es preciso tapar la boca... Bien dijo uno de ellos, su propio profeta: Los cretenses, siempre embusteros, bestias malas y glotones" (Epiménedes de Cnosos. Siglo VI a. de J. C.). Vienen después los consejos por categorías según la edad ycondición. Finaliza San Pablo la carta dando consejos al mismo Tito: "Evita las cuestiones necias, las genealogías y las contiendas y debates sobre la ley, porque son inútiles y vanas". Un final muy ajustado a la doctrina del Evangelio, en lo social: " ... y que los nuestros aprendan a ejercitarse en buenas obras para atender a las necesidades apremiantes y que no sean hombres infructuosos". Esta carta se escribía por los años 66-67. Una tradición registrada por el historiador Eusebio afirma que murió de muchos años en Creta, siendo enterrado en la catedral. Siglos después fue trasladado a Venecia, donde descansan sus restos.

ANTONIO GARCíA FIGAR, O.P.

El mismo día, Conmemoración de Santa Dorotea, Vírgen y Mártir







Tomado del Santoral del R.P. Juan Croisset, S.J.






anta Dorotea, virgen y mártir, tan célebre en toda la Iglesia latina, fue natural de Capadocia, de una familia distinguida por su nobleza, pero mucho más por su piedad, pues se cree que su padre y su madre habían ya merecido la dicha de derramar su sangre y dar la vida por Cristo, cuando su hija Dorotea mereció también la corona del martirio. Era tan universalmente estimada la virtud y el raro mérito de nuestra tierna doncellita en la ciudad de Cesárea, donde había na­cido, que constantemente era tenida por un milagro de prudencia, de modestia y de piedad, mirándola como ejemplo de todas las don­cellas cristianas.

Pretendiéronla muchos por esposa, movidos de su nobleza, de su discreción y de su hermosura; pero la Santa se había declarado tan manifiestamente por la virginidad, que los cristianos la llamaban la esposa de Jesucristo; y su virtud, acompañada de una virginal modestia, la hacía respetable hasta á los mismos paganos. Luego que llegó á Cesárea el gobernador Sapricio, oyó hablar mucho de las extraordinarias prendas de Dorotea, y no le dejaron de decir que ella era la que con su ejemplo y con su reputación estor­baba á los cristianos que obedeciesen los edictos de los emperadores. Con este aviso la mandó prender, y, habiéndola hecho comparecer en su tribunal, la preguntó cómo se llamaba. —Llamóme Dorotea, respondió la Santa con aquella apacibilidad y aquella modestia que inspiraba á todos veneración y respeto á su persona. —¿Por qué rehúsas adorar los dioses del imperio?, replicó el gobernador: ¿igno­ras, por ventura, los decretos imperiales?—No ignoro, respondió la Santa, lo que los emperadores han mandado; pero también sé que sólo se debe adorar al único Dios verdadero, y que ésos que vosotros llamáis dioses del imperio son unas puras quimeras transformadas en deidades por el antojo de los hombres, para autorizar los mayo­res desórdenes y pa­ra consagrar hasta las pasiones más vergonzosas. Pues juzgad vos mismo, señor, si será licito ofrecer sacrificio á los demonios, y será más puesto en ra­zón obedecer á unos hombres mortales, cuales son los empe­radores, ó al verda­dero Dios inmortal, Criador del Cielo y de la Tierra.

Quedó como cor­tado Sapricio al o ir una respuesta tan cuerda y tan no es­perada; pero, disimulando su admiración, se contentó con decirla en tono blando y cariñoso: Que si no quería te­ner la misma suer­te que sus padres, era menester obede­cer, pues no había otro medio para salvar la vida. — Yo no temo los tormentos, respondió la Santa, ni ten­go mayor ansia que dar mi vida por Aquel que me redimió á costa de la suya.—¿Y quién es Ese por quien tanto deseas morir?, replicó Sapricio.—Es Jesucristo, mi Salvador y mi Dios, respondió Doro­tea.—¿Y dónde está ese Jesucristo?, volvió á replicar el goberna­dor.— En cuanto Dios, dijo Dorotea, está en todas partes; y, en cuanto Hombre, está en el Cielo, á la diestra de Dios Padre, siendo la gloria de todos los que le sirven, y donde después de mi muerte espero poseerle por toda la eternidad. Este es aquel Paraíso delicioso, dulce estancia de los bienaventurados: ésta es aquella hermosa región donde reina una felicidad pura, eterna, inamisible. Sapricio, para ella te convida á ti mismo mi Salvador Jesucristo; pero no pue­des ser en ella admitido sin hacerte primeros cristiano.

No hizo caso el gobernador de lo que acababa de oír, y dijo á la Santa: Déjate de todas esas vanas y extravagantes ideas: créeme, sacrifica a los dioses y cásate; si no lo haces así, voy á condenarte al último suplicio. —No quiera Dios, respondió Dorotea, que siendo cristiana sacrifique á los demonios, ni que, teniendo la dicha de ser esposa de Jesucristo, piense jamás en otro esposo. Interrumpióla Sa­pricio, y ordenó que la entregasen á dos hermanas llamadas Crista y Calixta, que pocos días antes habían renunciado la fe de Jesucristo, prometiéndolas un gran premio si lograban pervertir á Dorotea. Hicieron las dos cuanto pudieron para derribarla y para obligarla á apostatar, como lo habían hecho ellas; pero sucedió tan al contrario, que nuestra Santa las redujo á ellas al gremio de la Santa Iglesia; porque las habló con tanta viveza y con tanta eficacia, que, rendi­das á sus exhortaciones, conocieron y detestaron su apostasía; pero al mismo tiempo desconfiaban de su salvación á vista de un delito tan enorme. Representólas Dorotea: que si había sido grande el delito de negar á Jesucristo, aun era mucho mayor el de desconfiar de su misericor­dia; que no había enfermedad incurable para la virtud de un médico omnipotente; el cual (decía la Santa doncella) quiso tomar el nombre de Salvador, sólo por salvar, á todos los hombres de sus pecados. Arrojaos, pues, en los brazos de su misericordia; abrazad la peni­tencia; arrepentíos de corazón de todas vuestras culpas, y yo salgo por fiadora de vuestra eterna salvación. Deshechas en lágrimas las dos hermanas Crista y Calixta, se arrojaron á los pies de nuestra Santa, suplicándola hiciese oración por ellas, para que el Señor se dignase de aceptar su penitencia.

Hízolo Dorotea, y las fortificó tanto en la fe, que, llamadas por el gobernador para saber si la habían reducido á sacrificar á los ídolos, le respondieron: que harto arrepentidas estaban ellas de haber co­metido esta vileza, cuanto más persuadir á nadie que la ejecutase. Arrebatado Sapricio de furor al oír esta respuesta, mandó que, si luego al punto no sacrificaban de nuevo, en aquella misma hora fue­sen arrojadas las dos, ligadas por las espaldas, en una gran caldera de agua hirviendo á vista de Dorotea. Ejecutóse así, y las dos san­tas hermanas pidieron al Señor que aceptase aquel tormento en sa­tisfacción de sus pecados, teniendo la dicha de recibir la corona del martirio antes que la misma que tan felizmente las había restituido al camino de su salvación. Enfurecido Sapricio á vista de un suceso tan poco esperado, man­dó que Dorotea fuese aplicada á cuestión de tormento, dando orden para que la atormentasen sin piedad; y no es posible imaginar lo mucho que padeció la santa doncella por la inhumana crueldad de los verdugos. En medio de eso, estaba tan extraordinariamente alegre en el potro, que, admirado Sapricio, no se pudo contener sin preguntarla la causa de aquella extraordinaria alegría. Estoy suma­mente gozosa, respondió la Santa, porque en mi vida he tenido el con­suelo que hoy experimento, considerando que mi Dios se ha valido de mi para restituir á Jesucristo aquellas dos almas que vosotros le habíais quitado; y espero que muy presto iré á hacer compañía á los bienaventurados en la alegría que tienen también por lo mismo.

Mandó Sapricio que la apaleasen cruelmente, y que la abrasasen los costados con hachas encendidas. Cuanto más la atormentaban, más alegre se mostraba Dorotea; tanto, que podía parecer insultaba á Sapricio aún más que le temía. Al fin, avergonzado éste de verse como vencido por una tierna doncellita, pronunció sentencia de que la cortasen la cabeza. Apenas la oyó la Santa, cuando llena de ale­gría exclamó: Bendito seáis, Señor, por la gracia que me hacéis de darme lugar en vuestro Paraíso, adonde me llamáis.

Cuando la llevaban al suplicio, la encontró un abogado joven lla­mado Teófilo, grande enemigo de los cristianos, y la dijo, haciendo chacota de ella: Mira que te encargo, esposa de Jesucristo, que no dejes de enviarme unas flores y unas manzanas del jardín de tu Esposo cuando llegues á él. Prometióselo Dorotea, y cuando estaba al pie del cadalso, donde había de ser degollada, se la apareció un ga­llardo mancebo que traía en un canastillo tres hermosísimas manza­nas pendientes de un ramo con hojas verdes y frescas, no obstante de ser tan fuera de tiempo. Suplicóle la Santa que de su parte se las llevase á Teófilo, mientras ella se iba al Cielo en busca de su di­vino Esposo; y habiéndose puesto de rodillas, inundado el semblante de celestial alegría, alargó el cuello al cuchillo y la cortaron la ca­beza el día 6 de Febrero del año 308.

Estaba Teófilo contando á sus amigos lo que le había pasado, cuando el mancebo de las manzanas se llegó á él y, retirándole aparte, le presentó aquellas manzanas y aquellas flores en nombre de Dorotea, y al punto desapareció. El milagro parecía visible, por­que era el mes de Febrero, y estaba á la sazón toda la Capadocia cubierta de nieve y hielo. Teófilo le tuvo por tal, y sintiéndose mu­dado de repente, comenzó á clamar que sólo Jesucristo era Dios ver­dadero, y que eran bienaventurados los que, á ejemplo de Dorotea, derramaban su sangre por El. Publicóse luego por toda la ciudad una conversión tan milagrosa como repentina. Preguntado el misma Teófilo, confesó la fe de Jesucristo, publicó el milagro y fue á hacer compañía á Dorotea en la Gloria, recibiendo la corona del martirio.

Las reliquias de esta Santa son muy solicitadas de los pueblos, por la singular devoción que la profesan. Roma se gloría de tener la mayor parte de su cuerpo en la iglesia de su nombre, donde todos los años en el día de su fiesta se bendicen unas manzanas, en memo­ria del milagro que dejamos referido. En Bolonia de Italia, en Arles, en Lisboa y en la Cartuja de Sirck hay reliquias de Santa Dorotea.

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