"La santidad de la vida no es un beneficio singular que se concede a algunos privilegiados y no a los demás, sino que a ella todos estamos llamados y es un deber común: que la consecución de las virtudes, aunque cuesta, es posible para todos con la ayuda de la gracia divina que a nadie se niega".


(Pío XI, Encl. Rerum Omnium)


Para algunos lectores inquiridores en particular, y para todos en general, la mayoría de las hagiografías de este santoral están tomadas de la obra El Año Cristiano, publicado por la BAC en 1966 en 4 tomos, uno por trimestre.

miércoles, 9 de febrero de 2011

9 de Febrero, Festividad de San Cirilo de Alejandría, Obispo, Confesor y Doctor



an Cirilo Alejandrino es uno de los Santos Padres más celebrados de la Iglesia oriental antigua.

Fue, durante treinta y dos años, patriarca de Alejandría, ciudad en que confluían la ciencia del paganismo, del judaísmo y del cristianismo. Ciudad, puesta al frente de todo el Egipto en lo político y en lo eclesiástico.

Su actividad literaria coincide con el siglo de oro de la literatura patrística.

En la historia eclesiástica su nombre va vinculado al concilio de Efeso, tercero ecuménico, y en la defensa de la fe brilla como lumbrera rutilante en la magna controversia, nestoriana. Su doctrina cristológica y las estrechas relaciones eclesiásticas que le unieron con la cátedra romana le hicieron acreedor de la simpatía y veneración de la Iglesia universal.

Nació San Cirilo, según parece, en la misma ciudad de Alejandría. Era sobrino del prepotente patriarca Teófilo, que rigió los destinos de aquella iglesia madre entre los años 385-412 y se hizo famoso por su enconada lucha con San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla.

De posición social acomodada y cristiana, recibiría esmerada educación según las tradiciones más purasde la antiquísima iglesia alejandrina y frecuentaría, en su juventud, las aulas de la escuela que fundara SanPanteno e ilustraron Clemente, Orígenes, Dídimo el Ciego y el granAtanasio.

Los escritos transmitidos y su actividad pastoral nos obligan a imaginarlo dedicado de lleno a su formación sacerdotal y preparación intelectual en los últimos años del glorioso siglo IV, cuando las sedes eclesiásticas principales ostentaban figuras luminosas en ciencia y santidad, como San Ambrosio de Milán. San Dámaso en Roma, San Cirilo de Jerusalén, San Gregorio de Nisa y San Juan Crisóstomo en Constantinopla.

Las bibliotecas de la ciudad del Nilo le ofrecerían tesoros manuscritos abundantes de las Sagradas Escrituras. La difícil convivencia de judíos, paganos y cristianos le estimularía a la futura defensa del pueblo cristiano contra los enemigos exteriores. La herencia antiarriana de San Atanasio se le metería en la médula de su formación dogmática y le pondría en guardia ante las innovaciones dogmáticas. Y, sobre todo, la influyente proximidad de su tio, el patriarca Teófilo, se dejaría sentir en su formación clerical, y el mismo gobierno de la gran metrópoli le iría capacitando para las futuras tareas de régimen eclesiástico, al tiempo que le daban oportunidad para aprender a evitar los defectos que registraba la actuación de Teófilo y que estarían completamente ausentes del gobierno de San Cirilo.

El año 412 ocupaba la cátedra alejandrina como patriarca y cabeza de todas las iglesias del Egipto romano.

Desde aquella fecha tres etapas distintas definen su inmensa actividad patriarcal: desde el año 412 al 428, de tareas inmediatas en la sede propia; desde 428 al 431, ocupado intensamente en la lucha contra Nestorio, y desde 431 al 444, dedicado a defender y consolidar la paz eclesiástica en el Oriente cristiano.

Apenas había tomado Cirilo las riendas del gobierno, cuando tuvo que actuar contra los novacianos y los judíos, por las grandes molestias que inferían a los cristianos. Los primeros se vieron obligados a dejar sus iglesias, y los segundos, tuvieron que salir de la ciudad mientras sus sinagogas eran convertidas en templos cristianos. Tales triunfos los obtenía el patriarca a pesar de la reluctancia y oposición de Orestes, gobernador civil de todo el Egipto.

El año 417 la paz entre Alejandría y Constantinopla, rota por la contienda deTeófilo contra San Juan Crisóstomo, estaba totalmente restablecida: el patriarca constantinopolitano figuraba ya en los dípticos alejandrinos.

Un año después el papa Zósimo le comunicaba, por carta particular, la condenación romana del pelagianismo.

Y cada año, por deber pastoral y siguiendo la usanza antigua de su iglesia, dirigía Cirilo su homilía pascual a todos los obispos sufragáneos y a todos sus diocesanos. Veintinueve homilías son las que se nos han conservado,correspondientes a los años 414-442. En ellas el pastor del Egipto anunciaba el ayuno cuaresmal, fijaba la fecha de la pascua y exponía con profundidad la grandeza de la condición humana, la necesidad de austeridad y mortificación para obtener la victoria evangélica, acompañando reprensiones oportunas y exhortaciones de aliento.

La vida, pues, de Cirilo, aunque cargada de múltiples tareas cotidianas, aún no se había desbordado en aras del interés general de la Iglesia universal. En Alejandría se vivía en paz. Los sacerdotes pastoreaban espiritualmente la grey bajo las orientaciones y ejemplo de su jerarca. La comunidad florecía en virtudes. Los obispos egipcios seguían las directrices de la metrópoli. Y los monjes del desierto gozaban de quietud solitaria y espiritual, sembrados acá y allá de las riberas del gran río.

Cirilo, eso sí, vivía intercomunicado con el exterior. De Roma, de Antioquía y de Constantinopla recibía, casi a diario, noticias de actualidad eclesiástica. Y estaba, sobre todo, en guardia ante los derroteros dogmáticos que podría tomar lo que llamaba "el dualismo antioqueno", que comprometía la unidad del Dios-Hombre.

El año 428 llegaron de Constantinopla noticias alarmantes. Sus fieles representantes en la ciudad del Bósforo le anunciaron que Nestorio, patriarca de la capital del Imperio oriental, había escrito y hablado públicamente contra la unidad del Verbo encarnado y contra la maternidad divina de María. Inmediatamente Cirilo, en la homilía pascual del 429, declaraba la doctrina ortodoxa comprometida indicando el error y callando el hereje: "No un hombre corriente -decía- es el engendrado por María; sino el mismo Hijo de Dios hecho carne, y por ello María es de verdad madre del Señor y madre de Dios".

El error seguía extendiéndose. Los escritos y doctrinas de Nestorio estaban penetrando en la república monacal de su patriarcado. Informado Cirilo por los mismos solitarios de la perturbación espiritual que iba naciendo entre los monjes, se propuso, con diligencia y profundidad, atajar los perniciosos efectos de tal propaganda. Escribió, con esta ocasión, una carta dogmática a los monjes problando por la Sagrada Escritura y la tradición que a María le pertenece con todo derecho el título de Theotokos o Madre de D¡os. Dos ejemplares envió a Constantinopla, aún sin declarar al autor de la doctrina.

Ofendido Nestorio en su soberbia y no queriendo retractar, Cirilo no dudó dirigirse personalmente a él, diciéndole: "Losfieles y obispo de Roma, Celestino, se hallan muy escandalizados. Conceded, os ruego, a María el título de Theotokos. No es doctrina nueva la que os pido profesar; es la creencia de todos los Padres ortodoxos".

Nestorio respondió con calumnias. Y Cirilo contrapuso una segunda carta con la exposición detallada de] dogma cristológico.

Fue inútil. Nestorio abundó en insultos y siguió contumaz.

Entonces el celo apostólico y la caridad del patriarca alejandrino encontraron otro camino: el de los intermediarios. Escribió varias cartas: al obispo centenario Acacio de Berea, para que utilizara su venerabilidad anteNestorio; al emperador Teodosio II, para prevenirle de las sutilezas dogmáticas de su patriarca: a las princesas Arcadia y Marina, y a las mismas emperatrices Pulqueria y Eudoxia, con la misma finalidad.

De Roma, a donde había escrito Nestorio, el papa Celestino pedía información a Cirilo, a quien tenía por celoso e instruído.

Este no quería desorbitar los acontecimientos. Pretendía curar el mal reducido a sus orígenes. Pero, convencido de la imposibilidad, no regateó información: en la primavera del 430 salió su diácono Posidonio para Roma equipado con una relación-informe de todo lo sucedido, con unconmonitorio-resumen de los principales puntos nestorianos, con los escritos de Cirilo dirigidos a los monjes, a Nestorio, a la casa imperial y, parece, con los Cinco libros contra Nestorio.

La respuesta de Roma no podía esperarse más favorable. Un sínodo romano declaraba heterodoxas las doctrinas nestorianas y, por voluntad expresa del Pontífice, Cirilo quedaba comisionado para notificar a Nestorio la decisión, conminándole la excomunión si en el término de diez días no retractaba sus errores.

Pero Cirilo quería rematar el golpe. Con la luz de Roma delante, reunió a sus obispos, redactó una carta sinodal y formuló los Doce anatematismos clásicos, que debería suscribir Nestorio para quedar plenamente purgado de sus errores.

Y ahora saltó un acontecimiento inesperado. El emperador convocaba concilio general para junio del año 431 en la ciudad de Efeso. ¿Qué haría Cirilo? ¿Sería cuestión de revisar las decisiones romanas y alejandrinas? Consultado el papa Celestino, se puso en camino para Efeso.

Allí tuvo que echar mano de toda su prepotencia dogmática, eclesiástica y diplomática. Sin el auxilio poderoso de los legados romanos, que no habían llegado a Efeso, y con la ausencia intencionada de los obispos antioquenos, que, reprobando la doctrina nestoriana, no querían condenar personalmente a Nestorio, Cirilo obtuvo la condenación de la herejía y del heresiarca, aunque a costa de tres meses de arresto imperial y la enemistad con el patriarcado de Antioquía. Desde entonces la Iglesia universal reconoció enCirilo Alejandrino al artífice del tercer Concilio Ecuménico.

En lo restante de su vida, desde 431 a 444, una preocupación de paz eclesiástica dominará toda su actividad. Paz con el patriarcado deConstantinopla, paz interior de su iglesia, paz con los orientales de Antioquía y paz, nunca interrumpida, con la cátedra de Pedro.

Apenas vuelto a su sede, el año 431 envía Letras de Comunión al nuevo patriarca de Constantinopla, Máximo, sucesor de Nestorio.

A los antioquenos, que le pedían abandonara sus anatematísmos, les dió una gran lección de humildad y celo auténtico, contestándoles: "Estoy pronto a perdonar las injurias de Efeso, a rechazar de corazón el arrianismo yapolinarismo, a reconocer el símbolo de Nicea ... ; pero no puedo sacrificar los anatematismos, porque sería sacrificar la fe, condenar el concilio de Efeso y justificar a Nestorio".

En cambio, el año 433, cuando Alejandría y Antioquía firmaron el Símbolo de Unión, Cirilo tuvo prisa por escribir su epístola Laetentur Coeli y anunciar gozoso la paz al papa Sixto III, a Máximo de Constantinopla y a otros obispos significados.

Entre sus mismos súbditos tuvo que sufrir a algunos extremistas que tenían por claudicación la unión verificada y trajeron dolor a su corazón de pastor bueno. Ante ellos se esforzó continuamente por justificar la paz y la ortodoxia del Símbolo de Unión.

Finalmente, pidiendo sus fervientes seguidores que condenara públicamente como había hecho con Nestorio a Diodoro de Tarso y Teodoro de Mopsuestia, respondió que no debía "condenar a los obispos que habían muerto en comunión con la Santa Iglesia".

Pasó Cirilo a mejor vida el año 444 y la Iglesia un¡ versal le veneró y venera como el santo de la maternidad divina de María.

JOSÉ SÁNCHEZ VAQUERO


El mismo día: Santa Apolonia, Vírgen y Mártir




an Dionisio de Alejandría escribió a Fabio, obispo de Antioquía, un relato sobre la persecución de los cristianos por el populacho pagano de Alejandría, en el último año del reino del emperador Felipe. La primera víctima de su furia fue un anciano venerable llamado Metras o Metrius, a quien trataron de obligar a proferir blasfemias contra Dios. Cuando se negó, lo azotaron, le clavaron astillas de caña en los ojos, y lo mataron a pedradas. La siguiente persona que aprehendieron fue a una mujer cristiana, llamada Quinta, a quien llevaron a uno de sus templos para forzarla a adorar al ídolo. Ella se dirigió al falso dios con palabras de desprecio que exasperaron tanto al pueblo, que la arrastraron por los talones por encima del empedrado, la azotaron y le dieron muerte a pedradas. Por esos días, los alborotadores habían llegado al colmo de su furor. Los cristianos no ofrecían resistencia, sino que se daban a la fuga, abandonando todas sus pertenencias, sin quejarse, porque sus corazones estaban despegados de la tierra. Su constancia era tan general, que San Dionisio no supo de ninguno que hubiera renunciado a Cristo. Se apoderaron de Apolonia, una diaconisa de edad avanzada. Con golpes en la cara, le tiraron todos los dientes, y después, prendiendo una gran hoguera fuera de la ciudad, la amenazaron con arrojarla dentro si no pronunciaba ciertas palabras impías. Les rogó que le dieran unos momentos de tregua, como si fuera a considerar la proposición; después, para convencer a sus perseguidores de que su sacrificio era perfectamente voluntario, tan pronto como la dejaron libre, se lanzó dentro de las llamas. Luego descargaron su furia sobre un santo hombre llamado Serapión y lo atormentaron en su propia casa; después lo tiraron de cabeza desde la azotea.

En la mayoría de regiones de la Iglesia occidental se encuentran iglesias y altares dedicados en honor de Santa Apolonia, pero no se la venera en ninguna iglesia oriental, aun cuando sufrió en Alejandría. San Agustín explica por qué razón anticipó su muerte. El santo supone que obró por una dirección particular del Espíritu Santo, porque de otra manera no sería lícito hacerlo; nadie puede apresurar su propio fin. Se la invoca contra el dolor de muelas y todas las enfermedades dentales, y se le representa con un par de pinzas que sostienen un diente, o si no, se le distingue por un diente de oro pendiente de su collar.

San Eusebio incluye en su historia la declaración de San Dionisio de Alejandría (vi, 41). Véase también el Acta Sanctorum, febrero, vol. n; de Künstle, Ikonographie, pp. 90-93 donde se encontrará una excelente bibliografía que principamlente trata de las representaciones artísticas de Santa Apolonia; II martirio di S. Apollonia (1934), por G. B. Poletti, un cirujano dentista. Cf. también un artículo por H. Nux en la Revue d'odontologie, vol. III (1947), pp. 113 ss. y al P. M. Coens en la Analecta Bollandiana, vol. LXX (1952), pp. 138-159, donde se dan algunas recientes referencias bibliográficas. Hay una revista periódica de los dentistas en Boston, EE.UU., titulada The Apollonian.
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El mismo Día: San Sabino, Obispo de Canossa




a historia de Sabino es bastante difícil de desembrollar, no sólo porque está recargada de leyendas, sino también porque hay otros dos santos del mismo nombre en el "Acta Sanctorum" el 9 de febrero y algunos puntos de sus vidas son tan semejantes, que parece que se han confundido. Uno de ellos fue un obispo que asistió a la consagración del santuario de San Miguel en el Monte Gárgano, en 493, y fue sepultado en Atripaldo, mientras que nuestro santo vivió después y su cuerpo fue enterrado en otro lugar. Nació en Canosa en Abulia [Canosa en Apulia (Canusium) es completamente diferente a Canóssa, no lejos de Parma, famosa en la vida del Papa San Gregorio VII]. Desde su juventud no aspiraba sino a las cosas de Dios, y no deseaba en absoluto el dinero, excepto como medio para ayudar a los pobres, cosa que hacía con suma generosidad. Llegó a ser obispo de Canosa, y tenía amistad con la mayoría de los hombres prominentes de su tiempo, incluyendo al mismo San Benito, quien parece que le predijo que Roma no sería destruida por Totila y los godos. El Papa San Agapito I lo envió a la corte del emperador Justiniano para apoyar al recién nombrado patriarca, San Mennos contra el hereje Anthimus y asistió al concilio que presidió Mennos en el año 536. En su camino de regreso, pasó por Lycia, visitó la tumba de San Nicolás en Myra, donde se le mostró el santo en una visión.

En su ancianidad, Sabino perdió la vista, pero fue dotado de gran luz interior y del don de profecía. Se cuenta que Totila, deseando poner esto a prueba, persuadió al copero del obispo para que lo dejara ofrecerle la copa del brindis al santo ciego. No bien Sabino asió la copa exclamó, "Viva esa mano;" y desde entonces Totila y sus cortesanos lo consideraban como profeta. Otra ocasión en que demostró su poder de profecía fue cuando su arcediano Vindimus, que ansiaba obtener el obispado, deseando apresurar su muerte, indujo al copero a poner veneno en la copa del anciano. San Sabino dijo al joven, "Bébelo tú; yo sé lo que contiene." Entonces, cuando el copero retrocedió sobresaltado, el santo tomó la copa y la apuró diciendo: "Beberé esto, pero el instigador de este crimen nunca será obispo." El veneno no lo dañó en absoluto, pero el que había querido ser su sucesor murió en aquella misma hora en su casa a 4 km. de distancia de allí. San Sabino murió a los cincuenta y dos años de edad, y su cuerpo fue trasladado posteriormente a Bari, donde parece que estuvo olvidado algún tiempo y fue redescubierto en 1901. En 1562, el altar de mármol bajo el cual estaban sus reliquias fue cubierto con plata y se grabó una inscripción en él, indicando los hechos más notables del santo.

Véase Acta Sanctorum, febrero, vol. II; los Dialogues de San Gregorio, vol. II, c. 15 y vol. III, c. 5; de Ughelli Coletus, Italia Sacra, vol. X, (1722), p. 37.

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El mismo día: Beato Mariano Scoto
, Escribiente






l verdadero nombre de Mariano Scoto fue el de Muiredach MacRobartaigh, natural de Donegal, probablemente. En su juventud se hizo notar por su atractivo físico y su gran fuerza, lo mismo que por su piedad y la encantadora sencillez de sus modales. Sus padres lo tenían destinado al sacerdocio, y desde muy joven vistió una especie de hábito, pero sin ingresar a ninguna comunidad. En 1067, salió de Irlanda junto con varios compañeros, con la intención de llegar a Roma. En Bamberg, los peregrinos fueron recibidos bondadosamente por el obispo Otto y, bajo su dirección, practicaron la regla conventual más estricta durante un año, hasta que el obispo, convencido de su vocación, les aconsejó abrazaran la vida religiosa y todos ingresaron al monasterio benedictino de Michelsburg. Aunque los monjes los recibieron cordialmente, los jóvenes formaron un grupo aparte, debido a que desconocían el alemán y al fin se retiraron a unas celdas separadas del monasterio. Ahí permanecieron algún tiempo, hasta que el abad les autorizó a continuar su peregrinación a Roma. Sin embargo, nunca llegaron a su destino, puesto que al pasar por Ragensburg, se detuvieron en el Alto Monasterio y ahí se quedaron para siempre al descubrirse que Mariano era un escribiente muy diestro, que la abadesa Emma lo necesitaba para transcribir sus libros. Desde aquel momento, Mariano se consagró cuerpo y alma a copiar los textos religiosos con una diligencia incomparable. Su biógrafo, después de hablar de la rapidez con que escribía, agrega: "Entre las obras que la Divina Providencia se dignó ejecutar por medio del Beato Mariano, yo considero la más digna de alabanza y admiración el Antiguo y el Nuevo Testamentos con comentarios y explicaciones. Ponía el beato mucho celo en su trabajo y repetía la copia de los sagrados textos hasta que quedaban perfectos. La labor era incesante y Mariano la ejecutaba como una penitencia para ganar el cielo, porque todo el tiempo vistió hábitos burdos que le mortificaban y vivió en la más completa austeridad. "El Beato Mariano y sus compañeros habitaban en amplias celdas donde aquel escribía, mientras los otros preparaban los pergaminos. Fue por entonces cuando ocurrió un caso maravilloso que registran las crónicas: cierta noche, la criada que debía llevar velas para que Mariano continuara escribiendo, se olvidó de hacerlo; ya bien entrada la noche, se acordó de su olvido y para repararlo, decidió llevar las velas inmediatamente a la celda del beato. Al llegar, junto con otra criada, ambas quedaron atónitas al verlo escribiendo con la mano derecha y la izquierda levantada para alumbrarse con los rayos de luz fulgurante que salían de sus dedos. El extraordinario suceso fue muy difundido y comentado; la fama del beato se extendió por toda la comarca, pero él parecía no darse cuenta y proseguía su vida humilde y callada, trabajando sin cesar.

Al cabo de algún tiempo, Mariano pensó en reanudar su interrumpido viaje a Roma, pero antes de tomar una decisión, oró fervorosamente, pidiendo que el Espíritu Santo lo iluminara para saber si la voluntad de Dios era que partiese o se quedara en Regensburg. El cielo respondió a sus ruegos con un sueño, en el cual Mariano advirtió ciertos signos que interpretó como un aviso divino para que permaneciera donde estaba. Así fue como se quedó en Regensburg, dedicado al trabajo, la oración y la penitencia, hasta el fin de su vida.

A fuerza de copiar la literatura sagrada llegó a conocerla profundamente y no sólo era teólogo, sino también poeta. Sería imposible hacer una lista de todos los libros que transcribió o que escribió. Fueron innumerables los salterios y pequeños devocionarios que salieron de sus manos y se perdieron en las de clérigos pobres y damas piadosas. Sólo existen todavía algunos de sus escritos originales; en la gran biblioteca de Viena hay un manuscrito suyo de las Epístolas de San Pablo (y la Epístola apócrifa a los Laodiceanos), está escrito con su característica letra pequeña y delicada y sus comentarios al margen y al final, la firma de Mariano, con su nombre verdadero y los apellidos de su familia, escritos en su lengua natal. El P. Denis, S. J., que era bibliotecario a fines del siglo dieciocho, ha dado una descripción interesante de este documento.

La abadesa del Alto Monasterio cedió a Mariano la iglesia de San Pedro y su terreno adyacente, donde el beato fundó un monasterio para los irlandeses, en 1078. La fama de su santidad atrajo a muchos paisanos, y el convento prosperó rápidamente. Mariano fue el primer abad y los seis que le sucedieron eran también celtas, naturales de la provincia de Ulster. Aquel fue el origen de los monasterios escoceses o irlandeses que florecieron en el sur de Alemania, algunos de los cuales alcanzaron después tanta celebridad.

Véase Life of Marianus, en el Acta Sanctorum, febrero, vol. II; de Rader, Bavaria Sancta, vol. II, pp. 227-228 y Proceeding of the Royal Irish Academy, vol. VII, pp. 290 ss.

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