- Santa Balbina, Vírgen y Mártir
- San Guido de Pomposa, abad
- San Benjamín, Mártir
- San Acacio, Obispo
- Beata Juana de Toulouse, Virgen
- Beato Buenaventura de Forli, Fraile Servita
- Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
P. Juan Croisset, S.J.
anta Balbina, cuya memoria siempre ha sido célebre en toda la Iglesia, nació en la ciudad de Roma, hija de Quirino, antes gentil y después ilustre mártir de Jesucristo. Tuvo la desgracia en sus primeros años de ser educada en los necios delirios de la superstición pagana; pero como Dios la tenía elegida para que en la capital del mundo confundiese el error del paganismo, como uno de los más esclarecidos héroes de la religión cristiana, dispuso su divina providencia los medios que tuvo por convenientes á este fin. Enfermó Balbina en lo más florido de sus años, de tal gravedad y con tan fuertes accidentes, que la pusieron en estado de desesperar de todo remedio humano; sentían en el alma sus padres la deplorable situación de su hija, á quien amaban en extremo por sus recomendables cualidades; y, habiendo apurado todos los recursos de la medicina, noticiosos de los muchos milagros que Dios obraba por medio del santo pontífice Alejandro, preso ya por la fe de Jesucristo, fue Quirino á la cárcel, y postrado á sus pies, bañado en lágrimas, le rogó se dignase curar á Balbina, en grave peligro de muerte por los habituales accidentes que padecía. Condolido el Santo Papa de aquella pobre doncella, mandó al padre traerla á su presencia, y, ejecutándolo así, consiguió la salud que deseaba, con sólo imponerle la bolsa de las reliquias que llevaba al cuello. Admirado Quirino de tan repentino prodigio, no dudando por él que era verdadero el Dios que adoraba Alajandro, se convirtió, con toda su familia, á la religión de Jesucristo. Cesa, la dijo Aureliano, en tu necedad; porque si sigues tenaz los vestigios de aquellos que han sufrido una muerte tan indigna, yo haré que experimentes mayores tormentos, si no te conviertes al culto de nuestros dioses.—¿Por qué, ¡oh miserable!, respondió la Santa, llena del Espíritu Santo y de un valor superior á su edad y sexo, precisas á los fieles cristianos á que se aparten del culto del verdadero Dios y le tributen á los que no lo son?—Porque nosotros, siguió el tirano, reverenciamos á aquellos á quienes dieron nuestros padres adoración, no á los que nuevamente se han inventado.—Tus padres erraron, dijo la Santa, adorando los ídolos. Y tú, miserable tirano é impío, no tardarás en perecer, porque quieres obligar á los hombres á que, dejando al Criador, reverencien á los simulacros vanos, sordos y mudos.—¿Quién otro que Jove, continuó Aureliano, es el criador, á quien los romanos damos culto?—Si éste, replicó Balbina, fue impuro y pésimo adúltero, ¿por qué le llamas dios? El verdadero ha de ser santo, inocente y limpio de toda iniquidad, y el que le dé culto se salvará; pero tú, que á los que le adoran atormentas y das muerte, ¿cómo has de subsistir á su presencia? Entiende que, cuando Jesucristo venga á juzgar á los vivos y á los muertos, y borre de la tierra á los impíos é injustos, entonces se alegrarán en su presencia los justos, y los impíos serán castigados perpetuamente en el Infierno; y con razón, pues el demonio cegó sus corazones y los vuestros para que no conozcáis al verdadero Criador y Salvador; pues si le conocierais y creyerais en Él, le adoraríais y revenciaríais con desprecio de los falsos dioses representados en las estatuas vanas, que son obras de las manos de los hombres.
Fuera de sí Aureliano, viéndose concluido con tan sabias reconvenciones, después de haber probado la constancia de la santa virgen con varios tormentos, pronunció la siguiente sentencia: Muera Balbina habladora, no sea que su charlatanismo seduzca al pueblo. Ejecutóse la providencia el día 31 de Marzo del año 120; y pasó la ilustre mártir á gozar los premios de su ínclita confesión. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de Prestato, en la vía Apia, llamado después de Santa Balbina, con motivo de la iglesia que en su honor construyó en dicho sitio San Marcelo, papa, donde, por tradición antigua, se cree conservarse el cadáver de la Santa con el de San Quirino su padre, y otros cinco santos desconocidos. Santa Balbina, consagrando su virginidad y hermosura al Esposo que se la había dado, hizo ver con la santidad de su vida cómo el Cristianismo puede juntar dos cosas bien difíciles de unir, á saber: una rara hermosura y una virginal pureza; adornando tan sublimes virtudes con la hermosa corona del martirio. Hay en Roma un titulo muy antiguo de Santa Balbina, de quien hace mención el Concilio Romano celebrado en tiempo de San Gregorio papa.
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